Arcana despertó

Kitten pig

Arcana despierta cuando el sol refleja los ojos del abuelo Fiamma en la bola de cristal que está junto a su escritorio que está junto a su ventana. Sus párpados cargan dos pequeños ladrillos que, a pesar de su tamaño diminuto, pesan toneladas; Arcana estira su brazo y palpa con cuidado el buró, encuentra el gotero verde de dos centímetros, coloca una gota en cada ladrillo y éstos se vuelven arena. Arcana sigue sin poder abrir sus ojos. Minutos después ella siente un pequeño cepillo flexible, rasposo y húmedo que lame la arena de ladrillo, es Talak, su gatita color diamante. Gracias, menina.  Sigue leyendo “Arcana despertó”

Anuncios
Entrada destacada

Ana García Bergua: La tormenta hindú‏

Las Tres y Un Cuarto

Ana García Bergua

La tormenta hindú

Una tarde de tormenta eléctrica, Adán Gómez llega a su casa con un ejemplar del libro Veinte posturas excitantes para hacer el amor y le propone a su esposa Rebeca practicar algunas. Qué cosas tienes Adán, le responde su mujer. Adán insiste. A estas alturas, dice –ambos rebasan los ochenta años–, no tenemos nada más que hacer. Empiezan esa tarde, después de la merienda, con la posición que en el libro se llama “Las Ramas en el Agua.” Les sale bastante bien, pensando que hace mucho no intentan nada parecido. Adán colecciona timbres y es un hombre ordenado; no compró el clásico Kamasutra porque le pareció confuso, pero aquí las posturas vienen por orden de dificultad y numeradas.

A pesar de haber quedado un poco desganados, Adán insiste en practicar la número dos, que en el libro se llama “El Caracol” y tiene la…

Ver la entrada original 628 palabras más

Efímero y eterno

Saturday night

Era un sábado cualquiera, era un paseo para reposar, para disfrutar la noche en aquél parque tranquilo. A la luz de la luna tu mirada viajaba pensativa, relajada y armoniosa, tú, D., como si fueras una persona normal, como si fueras un humano. Tus pasos eran constantes pero no ibas deprisa. 

Te saludo.

Fue como saludar a un viejo amigo, a alguien que ya conoces y no has visto después de mucho tiempo. Un rostro familiar y cercano, un rostro armonioso y amoroso. Ojos brillantes y radiantes. 

Me saludas.

Me saludas como si todo fuera tan común y natural, como si nos conociéramos. 

Te conozco. Tú no a mí. Sin embargo intuyes lo que soy y el por qué de ese atrevimiento. 

Continúas. 

Mi cuerpo está tenso. Cosas que pueden durar menos de un minuto duran en nuestras mentes por siempre. Son eternas, nunca efímeras. 

Te sigo, mis piernas no controlan el imán hacia tu persona. Quién sabe hasta cuándo te vuelva a ver tan de cerca. ¿Vale la pena? vale toda la pena del mundo. Son las cosas que nos recuerdan que, de hecho, no son dioses. 

Me dirijo a ti. 

Me respondes. Sonríes. 

Caminas a mi lado… preguntas mi nombre. 

 

Ivana Miranda

Agüita salada

La alarma no cumplió su función esta mañana. O tal vez sí lo hizo pero mi sentido auditivo simplemente se negó a escuchar. Para variar todo se parece a su dueño. 

   Mi primera clase en la universidad era a la una de la tarde, calculando los 55 minutos que hago de mi casa al aula debía salir de mi casa a las 12:00. Repito. La alarma no cumplió su función esta mañana. Cuando mis ojos se abrieron, afortunadamente sin arena o lenguas de gatos de colores maravillosos, inmediatamente supe que ya era tarde. Miré el reloj y, en efecto, ya era muy tarde. 11:30. Mi rutina matinal se redujo e hice lo que pude en media hora. A las 12:03 estaba caminando por la calle. 

   Cuando llegué a la Facultad era la 01:25 por azares del destino- o tal vez porque el bus nunca llegó y tuve que tomar una bicicleta para pedalear con todas mis fuerzas-. Pinche destino y sus ganas de joder conspirando con mis tiempos. Cuando llegué al aula era la 01:28. Claro, era LA clase. Era SU clase. Tenía que estar presentable, así que antes de cruzar aquél umbral me tomé la libertad de ir al baño a mirarme en el espejo: todo en orden a pesar de que estaba un poco roja. 

  Entré y me dijo como siempre [Sí, siempre llego tarde. Repito. Pinche destino y sus ganas de joder]: “Ciao, Ivana”. “Ciao”. Localización de un lugar cercano. Listo. Otra vez enfrente de él. Personalización inmediata del pupitre que será mío en los próximos minutos. Mierda. Repito. Pinche destino. Comencé a ser presa de las gotas de sudor acompañadas de ese calor agobiante (ese que sienten las personas que hacen algún esfuerzo físico y se detienen de golpe sintiendo el aire frío refrescar su cuerpo gracias a esa agüita salada). Él me miró con extrañeza. Mierda. Reacciona. Tomé un par de hojas de papel y comencé a abanicarme. Increíblemente delicioso. 

   Mientras leíamos poemas yo continué con mi improvisado abanico, consecuencia: un líquido viscoso- resultado de pasar de caliente a frío en un instante- comenzó a darme señales de querer escurrir por mi fosa nasal derecha. Mierda. Para mi mala fortuna justo en el momento en el que me dirigía a la mochila para sacar un pañuelo él hizo contacto con mis ojos mientras daba una hermosa explicación sobre el beso en el poema, cuando sus ojos comenzaron a dirigirse a mi nariz me rendí, corté aquella mirada fulminante y me limpié la nariz…

    Si tan sólo hubiera escuchado la maldita alarma.

 

Ivana Miranda

1095

¿Qué se siente que me gustes tanto?

A B.

Cuando pienso que ya todas las palabras para expresar cuánto te amo fueron escritas llega el sentimiento. El sentimiento de debilidad. Pero de inmediato tus hermosos destellos aparecen ante mis pupilas y me llaman y me invitan a seguirte amando mediante letras que se inyectan en el papel como mi fascinación por ti en cada mirada llena de locura y de pasión. 

   Infinitas visiones de un panorama próximo a tu lado atraviesan mis pestañas y me acarician con la misma suavidad con la que tú lo haces cada vez que tocas y recorres mis lunares. Recorre mi cuerpo y mi vida, recorre mis rincones y mis anhelos, mis sueños, mis metas y mis esperanzas. Duerme en mi pecho y escucha el palpitar de un corazón que te adora y te ama con todo su ser. 

 

Besos anticipados. Humedad del preludio. Besos y humedad antes de la tradición. Miradas lascivas y traiciones al corazón despedazado, luego tomado y parchado con besos y palabras. Curación. Renacimiento y olvido.

   Dos almas inquietas atravesando el suelo de esta ciudad muerta, testigo de nuestros secretos y nuestras promesas. Dos almas que se desean pero que también se construyen. Dos corazones que se excitan y dos corazones que huyen. 

 

Ivana Miranda

N.

No sé quién seré dentro de un tiempo, no sé qué espero de la vida.

No sé qué pasará en mi futuro.

No sé.

A veces no puedo creer quién he sido, y no puedo creer lo que quise ser alguna vez.

Sólo sé qué quiero, y quién no quiero ser. Sé bien en quién no me quiero convertir.

La vida es transformación. Evolución y paz interior. Es encontrarnos con nosotros mismos y encontrar la felicidad. Cumplir nuestros sueños y anhelos más sinceros.

Vida, viva la vida. Celebración en forma de conjugaciones y reflejos. Celebración de la vida y de quién he sido a través de palabras. Escritura que libera, terapia y corazón.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑